La sociedad y los analistas se fijan sobre todo en las personas poderosas y emblemáticas. El destino de los sectores económicos, las empresas, los países y la administración pública se atribuye a los consejeros delegados, los políticos y, en general, a las élites. Sin embargo, a menudo se olvidan de que el éxito de una estrategia empresarial o de una iniciativa política depende de quienes la ejecutan y que hacerlo requiere de un trabajo cotidiano que suele pasar desapercibido.

Los trabajadores de primera línea prestan sus servicios directamente a los clientes o pacientes. Aunque sus acciones y sus decisiones influyen de manera importante en las personas con las que interactúan, son prácticamente invisibles para los demás.

Una crisis como la actual nos recuerda que dependemos de los profesionales y trabajadores de primera línea, de los que prestan servicios sanitarios y otros igual de esenciales. En estos últimos meses se ha conseguido, por fin, un reconocimiento público para estos trabajadores y eso nos obliga a reflexionar sobre cómo los valora la sociedad, incluso desde el punto de vista económico.

Los estudiosos del tema también se han puesto al día y están prestando más atención a cómo los trabajadores de primera línea influyen en las estrategias de las empresas (y viceversa), y cómo las condiciones laborales tienen un impacto en su desempeño.

Al contar con una amplia trayectoria en el estudio de los oficios y las profesiones, las organizaciones y la gestión de los recursos humanos, me ha parecido importante recoger el punto de vista de estos trabajadores y comprender el qué, el cuándo, el cómo y el porqué de su trabajo diario.

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 Fuente: THE CONVERSATION.